domingo, 8 de mayo de 2011

LA NOCHE Y TU SONRISA DE METAL

Por: JAIME COAGUILA
“Sube al taxi nena lo hombres te miran te quieren tomar” Spinetta

¿
Sabes cómo te imagino? te imagino saliendo de ese hotelucho miserable donde vives saliendo, si,  con unos talones ajustado, con una blusita gitana insinuando el sabor de tu piel felina, con el cabello ondulado como esta de moda y como le gusta a los clientes, y con unos labios, rojo sangre, que te fabrican ese aspecto eterno de viajera de la noche. El frio no te atemoriza y las calles llenas de automóviles te atraen como una adolescente, entonces pasmada caminas por esas calles bañadas por la luz fulgurante del neón, esas calles bañadas por mendigos que duermen arrinconados a las puertas, esas calles muertas que esconden las voces los ambulantes el ruido histérico de los claxons. Y es que tu sonrisa, tu maldita sonrisa ha descubierto el secreto de esta y todas las noches que se rompen como espejos ante tu espigada figura ¿Y sabes por qué? Porque tu sonrisa tiene la llave, la llave de oro que protege a todos y cada uno de los seres de la noche. Esa llave emerge de tu vientre, se posa en tus labios rojos y que tiene el poder mágico de revelarte la verdad de este mundo fragmentado y caótico; porque para ti, mujer aurea, no existen los secretos y el lenguaje es uno mas de nuestros inútiles artificios, igual al resto de escombros que ocupan nuestras mentes, todo claro, excepto esos billetes que de pronto ya no nos pertenecen, pero que sirven para comprarlo todo en esta vida, incluso tu sonrisa. Tu sonrisa, tu irónica sonrisa, ese objeto que estalla como vidrios en el estomago de los basurales y que atraviesa la ciudad, los dormitorios desordenados, las grandes avenidas, los sórdidos bares, las sucias torrenteras, buscando esa clase de hombres que no pueden huir de tu risa escandalosa, aunque hagan  el amor con sus mujeres o tomen pastillas contra el insomnio. Y es que tu risa ha despertado esa enorme lengua que es su cuerpo y que sueña con acariciarte en cualquiera de tus eventuales habitáculos. Tu sabes que ese deseo es irresistible ¿Quién mejor que tú para saberlo? Saber que pronto llegaran los automóviles y que el resto llegaran como gatos hurgando en los basurales, mendigando una rebaja, una rebaja que no aceptaras; porque las felinas como tú, dices “tienen su nivel”. Ahora debes alistarte “preparar las mercancía” seguro piensas. Felizmente antes de eso tu sonrisa habrá vuelto de su recorrido citadino justo a tiempo y entonces se colgara nuevamente en tus labios revitalizándote, brillando otra vez para acompañar tus palabras de miel moldeadas por la costumbre. Aunque no serás la única, ya tu mirada ha descubierto otro par de un viajeras de la noche en la otra cuadra, un par de viajeras de minifalda y medias nylon, pero seguramente con los rostros apagados y los cuerpos flácidos. No como tú y tu inagotable sonrisa de metal dorado, ni tus tacos delicados, ni tus pies pequeños que conservan aun las huellas de las sandalias que usabas en ese pueblito ribereño donde naciste. Ni siquiera como tus piernas de trigo recién maduro y que tiene algo de esas piedras redondas que cubren las orillas de los ríos. Ni como tu vientre escandaloso que trae a la memoria tus raíces, a la selva inquieta y enloquecida que despierta en cada una de las furiosas embestidas de tus amantes. Y que decir de tu aguzada cintura, de tus senos de arcilla que toman las formas más exóticas, los aromas más misteriosos. Entonces que importa tu rostro atacado prematura y despiadadamente por el acné, si tú sabes muy bien disimularlo con los tonos fuertes de maquillaje. Y es que tu rostro es el digno complemento para que tu terrible sonrisa de metal adquiera esa magia sobrehumana que solo posee un ser de la noche y que hace que tus palabras también se conviertan en metal y que la noche se convierta en una inmensa bóveda de fuego, donde tus palabras hechas de tiempo “así no se hace” “fíjate bien amorcito” “así, queridito, así, así” sean inmensos símbolos o ruidosas melodías que se cierra, si se cierran alrededor de tu maldita sonrisa forjada en oro y en marfil.
¿Sabes? Esta noche te imagino con surte, tu risa-anzuelo ha cogido varios pichones y entre ellos prefiero hablar de un automóvil rojo que ahora atraviesa la calle, que te persigue parsimoniosamente a cada paso. Es un automóvil que lleva a un grupo de muchachos que vociferan tu nombre Rosita y te piden que los acompañes a una fiesta, que te van a llevar a como regalo de cumpleaños “ya pues no es muy lejos” dice uno de ellos, “de aquí a una tres o cuatro cuadras” agrega otro. Tú dudas al principio “esos patas te dan mala espina” luego observas la calle, “mira te vamos a pagar bien” te repiten, tu piensas que es una buena oportunidad para ganarte un poco de plata fácilmente. Aceptas y te metes al auto ¿Por qué aceptaste Rosita? El auto se pone en marcha, los muchachos conducen rápido mientras una botella de pisco circula de mano en mano cada vez con menos líquido, los muchachos ríen. El auto sobreasa la cuarta cuadra y luego la quinta, tú les dices que quieres bajarte, nadie te responde, el que conduce se acaba el pisco de un trago y luego arroja la botella por la ventana. Tú vuelves a repetir nerviosa; pero nadie responde, “bájenme carajo” dices: pero ya es demasiado tarde, el auto ha salido de tu territorio “bájenme carajo” repites e intentas en vano abrir la portezuela, sin embargo una mano gigantescas y brutal te quiebra el brazo y otra mas pequeña te aprieta la boca “no te preocupes” dice el que conduce “solo vamos a dar una vuelta”. Tu estas indefensa, tu sonrisa, tu arma, ha desaparecido para la noche, Rosita ya de nada sirven los forcejeos de cartón ni tus palabras de hojalata. El auto se aleja de la ciudad, estas en territorio prohibido, el auto se detiene en un descampado, el del volante ordena que te saquen afuera, el miedo te devora los huesos. Pero ¿sabes? eso ya no importa porque uno de los muchachos te ha reventado la cara de un golpe u el otro te destroza el brazo de un tirón, aunque tú no entiendas de nada. Entonces los muchachos te empujan fuera del auto y los golpes llegan de toda y ninguna partes. No hay rostros. La noche es una inmensa ruleta donde hay confusión y dolor hasta que caes de espalda sobre el suelo mientras que de tu boca sale a borbotones un espantoso coagulo de sangre que te ahoga. Y es que ese coagulo repugnante es lo que queda de la alegría de tus noches de viajera solitaria; porque los vidrios están rotos para siempre y la bóveda de la noche se habrá derrumbado. Y ¡sabes? Rosita, esas voces nada les importa “apúrense y marquen a la puta” grita alguien. Hay un momento de silencio, de pronto alguien se decide, se re acerca con la respiración apurada. Luego solo el resplandor de la navaja y ese dolor profundo ardiendo como una quemadura. Pareciera que el cielo se cayera a pedazos y unos de esos pedazos rosita se te hubiera clavado en el cuerpo. Tu te desmayas, ahora eres únicamente una muñeca de trapo “llévenla fuera de la carretera”, una muñeca rota que alguien arrastra por unos matorrales espinosos y llenos de piedras “vámonos la China nos espera”, entonces comprendes. El nombre de la China queda flotando en tu mente, recuerdas velozmente la pelea en el hostal, tu certero corte en su mandíbula, la maldita cubriéndose el rostro y tu riéndote como siempre “casi igual que ahora piensas” porque tu risa no ha muerto y te sobrevive mas allá de cualquier muerte. Pero no, detente, la luz de una linterna te ilumina el rostro ensangrentado, y uno de ellos advierte, que tú, si, tú, Rosita Linares, tienes dos preciosos dientes de oro y sin pedirte permiso, con una crueldad inhumana ayudado de una navaja, te arranca tu sonrisa de metal, te arranca la vida “y las treinta noches que tuvisteis que trabajar” dices tú “para lograr esos dos miserables dientes”. El muchacho corre hacia el auto y apretada en una de sus manos lleva tu sonrisa empequeñecida “por favor” repites, pero ya es tarde, esa sonrisa que es tu vida Rosita y que tú creías que era tu verdadero corazón paulatinamente desaparece en un automóvil rojo que se pierde en la unánime noche, esto significa que de ahora en adelante Rosita has dejado de pertenecer al servicio activo y has pasado a formar parte de una esas historias que tanto odiabas y que mendigos como yo repiten todas las noches.

Publicado en Revista "Solitarios" Nº 8 de 1995 de Arequipa (PERU)

viernes, 29 de abril de 2011

Cortina de humo


Javier de Taboada
 
 
“Es una torpe cortina de humo” dijo, una semana antes de las elecciones, el presidente García para referirse a las declaraciones de Ollanta Humala sobre Chile, ya que, según nuestro mandatario, el ex-militar sólo buscaba desviar la atención de sus relaciones con Venezuela. Es bastante curioso que un presidente use esta expresión para descalificar a su opositor, porque generalmente es desde los flancos de la oposición (política o mediática) desde donde se denuncian las ‘cortinas de humo’ del gobierno. Al mismo tiempo, las declaraciones del líder aprista son un buen signo de la ubicuidad que dicha expresión ha adquirido en el lenguaje político peruano.

La cortina de humo es originalmente una técnica militar, que consiste, justamente, en esparcir humo para ocultar el movimiento y la ubicación precisa de las tropas. Como técnica militar su éxito ha sido más bien relativo; en cambio como expresión metafórica y técnica interpretativa, su éxito es absoluto. Esta es la lógica en el juego de la interpretación: el que ‘denuncia’ la existencia de una cortina de humo, se posiciona a sí mismo como el sagaz, el vidente, el capaz de traspasar el humo de las apariencias y descubrir las verdaderas intenciones del gobierno de turno. No es tanto la denuncia del engaño, como la autoexclusión del grupo de los engañados. ¿Quién no quisiera ocupar tan privilegiada posición? Por eso nuestros astutos políticos, nuestros aguzados reporteros y hasta el elector común que se siente de pronto analista político, se la pasan hablando de las ‘cortinas de humo’ que suelta el gobierno para ocultar tal o cual asunto. Porque la retórica de la cortina de humo se basa en una premisa: que hay sucesos importantes y sucesos secundarios; que hay temas graves y temas frívolos. Y que la información y la atención debieran enfocarse siempre en los primeros y nunca en los segundos.

Pongamos ejemplos. Cuando en abril del 2005 murió el Papa Juan Pablo II, el gobierno de Toledo decretó en el Perú feriado y duelo nacional. Se dijo entonces que se trataba de una cortina de humo para ocultar la baja popularidad de su gobierno. En junio del 2009 murió Michael Jackson, y se dijo también que la cobertura brindada a este hecho (así como al asesinato de la cantante folclórica Alicia Delgado por su colega Abencia Meza, ocurrido más o menos por la misma época) era una cortina de humo para desviar la atención del escándalo del “Baguazo”, que había ocurrido pocas semanas atrás.
¿Será que Toledo mandó envenenar al Papa y García al ‘Rey del Pop’ para ocultar sus problemas en la política local? No, por cierto, nadie cree eso. Lo que sostienen los sagacísimos postulantes de la ‘cortina de humo’ es que la cobertura se encuentra distorsionada, que la atención se encuentra manipulativamente desviada hacia estos temas secundarios para hacernos olvidar de los importantes. Ahora bien, ¿quién les dio el derecho a estos señores de decidir qué es lo importante y qué lo secundario? ¿por qué los tristes problemas cotidianos del gobierno de Toledo tendrían que ser más relevantes que la desaparición del líder máximo de la iglesia católica? O incluso: ¿por qué los trágicos sucesos de Bagua deben consumir nuestra atención hasta el punto de no dejarnos distraer ni un día o dos por la extinción prematura de una de las figuras centrales de la música contemporánea o por los sangrientos líos de dos íconos de la música popular local?

No niego que en algunas circunstancias, más bien infrecuentes, el gobierno pueda lanzar una bombarda para distraer la atención pública (la discusión sobre la “pena de muerte” durante el gobierno de García puede ser un ejemplo). Pero creo que, en general, lo que hay son noticias, noticias que compiten entre sí por acaparar la primera plana de los periódicos y las pantallas. A veces gana la política local, a veces la farándula, a veces los partidos de la selección. Y quien lo decide no es una inquietante mano negra sino los editores, los periodistas, y en última instancia los lectores o televidentes, que muestran mayor interés sobre determinados temas. Que nadie venga a dictarnos leyes sobre dónde debemos poner nuestra atención. A lo mejor la política y las protestas sociales son una cortina de humo que nos lanzamos a nosotros mismos para olvidar nuestras pequeñas y cotidianas tragedias personales.

lunes, 18 de abril de 2011

Lameculos de la realidad



Javier de Taboada
Hace poco veía un documental español titulado Entre el dictador y yo que pretende escarbar un poco en la consabida “memoria histórica” y explorar las relaciones de los españoles de hoy con la herencia de la larguísima dictadura de Franco. El documental no es bueno: no sabe muy bien lo que quiere, ni dónde encontrarlo, y lo que podría haber sido un tema de lo más interesante recibe un tratamiento completamente anodino. En general no lo recomiendo, pero hay una sola escena, espectacular, que basta para justificar la hora y media de lugares comunes. Se trata de dos viejos de un barrio, una señora y un señor que empiezan a confrontar sus visiones políticas. El viejo es un republicano recalcitrante y la vieja defiende al “caudillo”. La discusión empieza a subir de tono, y los ánimos pronto se caldean. El viejo de pronto le espeta a su vecina: “Lo que pasa es que usted es una lameculos de Franco”. Y la señora responde, impertérrita: “Yo no soy lameculos de Franco. Soy lameculos de la realidad.”

La señora confiaba tanto en los poderes conclusivos de la realidad que no se fijaba al lado de qué sustantivo ponía el modificador. Y es que, lameculos aparte, la apelación a la realidad es uno de los argumentos más socorridos para (tratar de) ganar una discusión. Apelar a “la realidad” es patear el tablero de lo simbólico, es declarar la indiscutibilidad de lo discutido. “Esta es la realidad.” No se diga más, entonces. ¿Qué argumento puede valer ante la contundencia de lo evidente?

En la cultura norteamericana, tan devota del dato preciso y del dinero contante, ya no es siquiera la “realidad” la que lleva la preferencia, sino algo aún más escueto: los hechos. “This is fact”, es el argumento clausurante. Y el mayor ataque a un adversario: “It’s factually wrong.” Es decir que se equivoca, pero no por sus opiniones, sino porque su información es falsa, lo que lo convierte en un mentiroso o en un ignorante. En cierto sentido están peor que nosotros, buscando, como diría Werner Herzog, sólo “la verdad del contador.” En otro sentido, sin embargo, este reemplazo de ‘realidad’ por ‘hechos’ implica una (vaga) conciencia de que la ‘realidad’ es algo construido, algo que no viene dado de por sí y con contundencia silenciadora, sino algo que hay que desentrañar e interpretar. Sin el tejido que los une sólo quedan, flotantes, aislados, los hechos.
Decía que la apelación a la realidad pretende silenciar al adversario y dar por terminada la discusión, pero esto es lo que pretende, otra cosa es que lo consiga. Por lo general el interlocutor no se deja impresionar por tales argumentos y replica, ya sea cuestionando la pretensión de realidad, o los hechos en que se pasa, o simplemente ignorando la apelación y volviendo al punto previo de la discusión. Pero mucho aprenderíamos de modestia y de tolerancia, y hasta de retórica, si entendiéramos, pero de veras, que la realidad es plurívoca y polifacética; si almacenáramos nuestras certezas guardando siempre un pequeño espacio para la duda; si recordásemos que aún los datos más duros pueden, alguna vez, ser falseados, que aún lo que parece tener un sentido obvio y único puede ser visto de otra manera. Si algún defecto hemos de tener, seamos dubitativos, seamos diletantes, seamos irresolutos, pero no seamos, nunca, lameculos de la realidad.

sábado, 2 de abril de 2011

Contra la política platónica

Javier de Taboada

Yo no leo los planes de gobierno. Lo que, según el 90% de la prensa peruana, me convierte en un elector ignorante, desinformado e impulsivo. Ya que el modelo de elector propugnado por los medios de comunicación, las universidades e instituciones de formación política, y hasta el JNE, es el de un elector plenamente racional, reflexivo y sereno, que se informa detalladamente de las propuestas de los diversos candidatos, los sopesa delicadamente, los compara con sus propias ideas políticas y en base a todo esto toma una decisión perfectamente juiciosa. En esa misma lógica, la campaña debiera ser una cívica y alturadísima competencia de propuestas, evitando en todo momento la adjetivación y el ataque del adversario. 

Como es evidente que este modelo político, que llamaré platónico, no se corresponde con la realidad electoral, pronto llegan los cantos elegiacos: que el elector peruano es ignorante y se guía por (estúpidos) impulsos, que los políticos tampoco dan la talla y se embarcan en batallas de callejón, etc. Conocemos la canción. Los politólogos suspiran por una democracia perfectamente racional y meritocrática, como los economistas suspiran por una economía de mercado con consumidores totalmente racionales que siempre toman las decisiones que más les convienen y contribuyen así a perfeccionar las sagradas leyes de la oferta y la demanda. Politólogos y economistas viven en el mundo de los arquetipos descrito por Platón, y se resienten profundamente, a veces con el ciudadano, a veces con la clase política, cuando constatan que la realidad cotidiana poco tiene que ver con sus modelos. “¿Por qué somos un país tan atrasado? ¿Por qué somos una democracia tan imperfecta?”

En realidad, ni en Chile, ni en Brasil, ni en EEUU, ni en Francia, la campaña electoral consiste en el famoso “debate de propuestas”. Las propuestas son una parte del coctel, como lo son el atractivo del candidato, y los ataques al adversario (que no por nada consiguen diez veces más figuración que las propuestas, en una prensa hipócrita que finge escandalizarse con los dimes y diretes al mismo tiempo que se regodea y reditúa con ellos).

Yo no sólo no lamento el contraste entre la política platónica y la real: me siento feliz de no vivir en el mundo de los robots tomadores de decisiones, sino en el de lo humano. No leo los planes de gobierno porque creo que la cosa no pasa por ahí, como tampoco leí nunca las reglas del fútbol ni las necesité para empezar a apreciar los partidos. Sobre todo ahora, cuando todos los candidatos coinciden en las líneas maestras de la conducción de la economía del país. Hay que reducir la pobreza, ¿alguien se opone? Hay que continuar con el crecimiento actual, pero también controlar la inflación. Hay que incentivar la iniciativa privada, pero también ampliar los programas sociales para los más desfavorecidos. ¿Alguien en su sano juicio va a plantear algo diferente? Leer los planes de gobierno –para quien quiera embarcarse en tan árida lectura- significa encontrarse con la repetición y con la multiplicidad de frases con las que se pueden expresar las mismas ideas básicas. Las diferencias radican en sutilezas (¿hay que bajar el igv o no? ¿hay que cobrar impuesto a las sobreganancias mineras o no?) que no alteran lo esencial y que, en última instancia, se reflejan suficientemente en la cobertura electoral y en las intervenciones de los candidatos.

Una campaña electoral –en el Perú como en cualquier democracia- no tiene que ver con propuestas de gobierno que un político ni siquiera se preocupa demasiado en respetar cuando le toca enfrentarse a las complejidades de ser gobierno (para no recaer en la política platónica, me abstengo de la condena a dicho incumplimiento, creo que es, hasta cierto punto, natural: pensemos en el caso de Obama, por ejemplo.) Las propuestas son el pretexto, la materia prima si se quiere, para mostrar otra cosa: posicionamiento político y liderazgo. Posicionamiento en el espectro político: más a la izquierda, más a la derecha, más radical, más moderado. Liderazgo: capacidad de convencer, de hablar bien, de manejar la relación con los medios, de neutralizar. De esto y no de otra cosa trata una campaña electoral. Porque como el fútbol, la política es un juego de pasiones, de errores, de azares, de avances y retrocesos. Y nada de esto figura en ningún manual.

martes, 22 de marzo de 2011

Cuento de Luis Pacheco

LAS COMPAÑÍAS

LUIS PACHECO

P
ertenecer a Datrol era un honor increíble. Solo unos pocos escogidos dela gran masa podían ingresar a la compañía. Datrol: la gloria  y poder que emanaba de aquel nombre resplandecía aún más que la fama de los países de karlandk y –por supuesto- que los países de la vieja tierra. Nadie sabía en qué época las compañías llegaron a ser mas fuertes que los países, pero ahora era una realidad casi aceptada. Cien mundos dependían de DATROL, de FERDINAD, de CORLET; y en tanto que ningún país poseía ni siquiera todo un planeta bajo el control, Datrol tenía ocho mundos desperdigados en el universo que era propiedad exclusiva de la empresa.
Datrol, el sueño de los jóvenes era pertenecer algún día a aquella megaempresa; ostentar el símbolo turquesa con filigrana de oro en el hombro, y pasearse con mirada altiva en astronaves mil veces mejores y equipadas que los modernos navíos de guerra de Tanthiak o de Burulush, y descender a los planetas luego, y solazarse con las alabanzas y genuflexiones de los “débiles” que apenas podían esperar sobrevivir mientras que ellos eran dueños del universo.
Datrol, el nombre encerraba más poder que gloria, pero significaba lo mismo y aún más, porque como estudiaban algunos especialistas, los países algún día desaparecerían, y serian soberanas del firmamento las grandes empresas. Datrol era la más grande de todas, y Datrol tenía ocho planetas de su propiedad, y ejercía influencia decisiva en cuatrocientos gobiernos de treinta mundos. Datrol era prácticamente la dueña del universo.
 Anoche mi hijo Dorian estuvo aquí. Es el jefe negociante de la división bebidas de Datrol. Se le veía tan bien; su traje de felodien que mínimo costara cuatro mil votis, su cinturón de platino y su tarjeta de crédito verde-turquesa que sólo poseen aquellos que mueven millones de votis diariamente; y nos vino a visitar. No supimos que ofrecerle –nuestra casa sigue siendo tan pobre- y él simplemente nos contó cómo había ascendido en la compañía, las operaciones de las que estuvo encargado en la galaxia, y el motivo por el que ahora había venido a la tierra. Como jefe-negociante de la división bebida, tomaba posesión del Perú país recientemente anexado a la gloriosa Datrol.
(Publicado en Revista Nº 7 "Solitarios", 2005, Arequipa-PERU)

Cuento de Javier De Taboada

EL NOMBRE

JAVIER DE TABOADA

P
or aquellas extrañas coincidencias del destino, le tocó llamarse Ricardo palma. Seguro una broma pesada de su padre, Pedro palma y quizá porque el ultimo Ricardo palma en la familia, un tío de su padre, había sabido sacar un provecho del nombre.
No sabría decir si él supo sacar provecho del nombre. Ceo que es discutible. Creo todo aso, puedo asegurar que desde muy chiquito una estaba podrido de escuchar que había un escritor Ricardo Palma y que había inventado unas cosas que se llamaban tradiciones. Y podrido de responder que si, que por algún lado eran sus descendentes (al menos, eso le dijo su mamá) y que su tío abuelo también se llamaba así y etc. Etc.
En el colegio también llego a hartarse (aunque claro, después se acostumbró) de los compañeros que no le pusieron loco, chato, gordo ni ningún apodo y que solo diciéndole Ricardo palma (siempre así) pareciera que e lo hubieran puesto. A lo que no se acostumbró fue a que el profesor de literatura le preguntara que cosas sabía de Ricardo palma y sobre todo, que le dijera que él también iba a ser un gran escrito cuando a él le gustaban las matemáticas y quería ser ingeniero metalúrgico.
Por esas época, y quizás para responder los cientos de preguntas que le hacían sobre el tema, fue que empezó a leer las tradiciones peruanas. Al principio le parecieron demasiado intrascendentes y superficiales, pero a medida que las fue leyendo mejor y que fue liberándose de los prejuicios familiares, realmente las disfrutó y con el tiempo no tuvo empacho en reconocer que era su libro favorito y que ningún otro podía comparársele.
Ingresó a san marcos a estudiar ingeniería metalúrgica pero se retiro al año porque decía que al fin y al cabo, no le gustaba la carrera, además de que la universidad no le iba a servir para nada y el había decidido dedicarse a  escribir, abandonarlo todo y consagrarse al amor y a la literatura.
 Y se consagro a la literatura, (escribiendo cuentos que cada vez se parecían mas a una tradición), porque el amor no llego a consagrarse hasta muchos años después, cuando se caso con cristina López, una hermosa muchacha que había conocido un par de años antes en la biblioteca, (porque para sobrevivir había logrado conseguir un puestito en la biblioteca municipal. Y demás esta decir que el empeño y atención que piso le permitieron ir escalando posiciones hasta convertirse en el director de la misma). Por esa época, empezó a dejarse crecer el bigote y usar unos lentecitos ovalados que cada vez le daban un aspecto mas parecido al viejito del Kentucky Fried Chicken o claro, a su homónimo.
En cuanto a su obra literaria, no tuvo mucha suerte, ya que las veces que se ocuparon de él, los críticos aseguraron que sus escritos no eran más que vulgares variaciones de las geniales tradiciones de palma y que no tenían ningún valor literario.
Sus últimos años fueron verdaderamente despreciables porque terminó en la locura y proclamando a los cuatro vientos que él era el nuevo Ricardo palma y que su obra iba a ser imperecedera y admirada por las generaciones venideras y un montón de cosas mas que soltaba en sus ataques delirantes, los cuales eran tan insoportables que la única persona que permaneció con él hasta su suerte fue su esposa, que hasta hoy sigue creyendo fielmente en las alucinaciones de su difunto marido. Todas estas cosas llevaron al psicólogo español Joaquín Zapater a poner su caso como un claro ejemplo de su nueva teoría que podría resumirse en estas palabras: el nombre condiciona al hombre.
                                                   (Publicado en Revista Nº 6 "Solitarios", 2004, Arequipa-PERU)

Cuento de Javier De Taboada

NOTICIAS COMENTADAS

Autor: JAVIER DE TABOADA
                                          “Política es una de tantas malas palabras que se escriben con p” Quino

L
lego a su casa, entro al estudio, dejo el saco en la silla del escritorio, se sirvió un trago, prendió el televisor y se sentó. El noticiero. La voz de su esposa: ¿Francisco, estas ahí? Buenas noches, bienvenidos a una nueva edición informativa de 24 horas. Acá estoy. No fui arriba porque pensé que podías estar durmiendo y no quería molestarte. ¿Puedo sentarme? Si, ven siéntate. Quiero ver el noticiero, ahora deben pasar lo de cerrillos. Estas son las principales informaciones de la jornada. ¿Ves?, hoy día  ha sido el entierro. Ella pone cara de lastima. Volvemos después de una pausa comercial.
Ella hablo; son unos asesinos. El no dijo nada, miraba al vacio. ¿Por qué lo mataron, si nunca hacia nada malo? El tampoco dijo nada pero después de un rato calmadamente, como pensando en voz alta: cuando uno se muere siempre se convierte en un santo.
En el televisor estaba de nuevo Martínez Morosini con una noticia sobre los préstamos inminentes. Eso es un cuento, dijo, nos vienen peloteando desde hace un año con que faltan ajustes, tonterías vamos a tener que esperar hasta que crean que podemos pagar, pero a la gente hay que decirle que ya, que aurita, sino imagínate. A él siempre le gustaba ver el noticiero y a veces comentaba las noticias con su esposa, generalmente para desmentirlas. Ella siempre le creía y estaba de acuerdo porque por algo su marido estaba sumergido en ese mundo, como diputado tenia que saber lo que pasaba y así ella aprendía a ver la realidad sin máscaras y a hacer un poquito de política.
Hoy día se realizo el entierro del ministro vilmente asesinado ministro del interior, Julio Cerrillos, vamos con las imágenes. El miraba indiferente. Su esposa le pregunto con timidez ¿era tu amigo?, ¿amigo?  Ese no era amigo de nadie. Con a presencia de numerosas autoridades políticas y personajes así como de sus familiares y amigos se lleva a cabo el funeral del ministro Julio Cerrillos, quien fuera cobardemente victimado el día de ayer. La verdad es que el tipo era una basura, se creía que podía mandar a todo el mundo, que todos tenían que obedecerle. Aquí vemos gran cantidad de gente que acompañaba el ataúd… iba donde nosotros y nos decía: “tienen que hacer tal cosa” y si decíamos que no “son ordenes del presidente”, nosotros íbamos donde le presidente el nos decía que no le hiciéramos caso a ese cojudo, que estaba estudiando como destituirlo porque tenia respaldo de las fuerzas armadas y que él las ordenes las daba directamente a la bancada o por el presidente de la cámara. Señora, seño ¿puede decirnos que recuerdo tenia de su esposo? En el gabinete ni se llevaba son nadie y en el parlamento tampoco. (Entre sollozos contenidos) era un hombre muy sacrificado, que toda su vida atrabajo por su país, los que lo han matado son personas sin corazón, porque el siempre busco servir a todos. Y todo el mundo sabía que se andaba tirando la plata del ministerio, hacia sus entripados por ahí y al final todos se embarraban y a él no se le podía hacer nada. Diferentes personalidades que asistieron el entierro se pronunciaron sobre el asesinato, escuchemos sus declaraciones. Ella sentía sorpresa y miedo de que su marido albergaba tanto odio por dentro, que no le importará la muerte (una muerte siempre conmueve, mas un asesinato) de una persona, por odiosa que haya podido ser, su marido siempre había sido tan bueno, tan tierno por decirlo con una palabra tonta, rara vez le había visto esos resentimientos y le asustaban.
Sí, a mí me afecta bastante la muerte de Julio, lo conocí mucho tiempo, un hombre capaz, inteligente, honesto, muy trabajador e el gabinete, realmente una gran perdida para el país. Era con el que menos se llevaba, dice, y sonríe. Ella ya sabe la respuesta, pero interroga con la mirada. Si a mi me hubieran preguntado, hubiera dicho lo mismo, claro. Es muy lamentable que ocurran cosas como ésta que se hubieran podido evitar con una adecuada seguridad de parte del gobierno. La oposición siempre oportunista, ¿no?, y sonríe. Ella hace la pregunta clave pero olvida por un momento que él es un político: ¿te alegra que lo hayan matado? A mi no me puede alegra la muerte de nadie (con tranquilidad), pero no te voy a negar que en términos de política nacional no es tan malo que digamos y varios van a estar hoy día sentado en un pie. Volvemos con más información después de una pausa. El apaga el televisor y va a su cuarto. Ella lo sigue algo molesta. ¿Qué te pasa, por que me miras así? Ni que yo lo hubiera matado.
                                                              (En Revista Nº 6 "Solitarios", 1994, Arequipa-PERU)