domingo, 8 de mayo de 2011

YEKATHERINA Y LA TEORIA EL AMOR CIRCULAR

Autor: LUIS PACHECO

C
uando la empezó a enamorar creyó que la historia podía repetirse, y se sintió algo así como el mago que es capaz de hacer que los acontecimientos siempre tracen aquel mismo inexorable circulo de repeticiones infinitas, pero esta vez se dijo que le ganarías a los acontecimientos y el circulo jamás llegaría a cerrarse, pues ese segmento final había estado lleno de sinsabores y no le agradaba nada la perspectiva de volverlo a repetir .
Grado 0:
Quizás porque tenia el mismo nombre que su anterior amada (un nombre raro por cierto) no la olvido como le ocurría con la mayoría de muchachas que le presentaban. O fue tal vez por ese afán de compararlas, y descubrir las diferencias de la Yekatherina actual y de aquella que antaño tuvo en sus brazos, que termino con la imagen de Yekatherina Andrea muy bien grabada en un rincón de su memoria.
Grado 10:
Como quien juega a la suerte se aventuro a proponerle una invitación a “escuchar música” a Claudia Yekatherina apenas la siguiente vez que la conoció, y para sorpresa suya ella acepto: por lo que él se paso todo el día anterior a la cita recorriendo las casa de sus amigos coleccionistas de música y prestándose sus casettes mas preciados y raros. Al día siguiente la recibió en su casa y contra lo que el había supuesto Yekatherina apenas se intereso en la música y se la paso conversando con él acerca de la poesía de Neruda y de algunos versos que ella había escrito. Él la escuchaba absorto y fue recién cuando se le ocurrió que seria interesante intentar algo con ella.
Yekatherina Andrea se había encontrado multitud de veces mas con el en la universidad y una de estas lo invito a su casa para que le ayude en un trabajo de investigación que estaba haciendo. “es de tecnología alimentaria” le dijo que prepare el pastel que allí decía. Él la miro desconcertado y para sus adentros corrigió las diferencias que había establecido pata las dos Yekatherinas. A esta la tildo de definitivamente loca, en tanto que con nostalgia recalifico a Claudia Yekatherina como una sensible muchachita poeta.
Grado20:
Yekatherina Andrea no estaba loca ni mucho menos, sino que tenia empapado en su vida el mas exacto y puro todo científico, por lo que siempre andaba planteándose hipótesis extravagantes y comprobándolas científica y rigurosamente como supe luego que me comunico los resultados de su investigación de recetarios de cocina: “era inservibles si tu no tenias experiencia previa” y cito como ejemplos a cinco sujetos entre los que figuraba, “sin embargo –me dijo- estoy elaborando recetas aptas tanto para novatos como para cocineras empedernidas. Ya me ayudaras a verificar si se cumple esto…”aunque Yekatherina no sólo investigaba acerca de alimentos, sino de cualquier cosa que se ocurriese, la cocina era su tema de estudio favorito y gracias a la cantidad de pasteles malogrados y recetas abortadas por sus “sujetos de experimentación” fue que pude anotar una diferencia más entre la Yekatherina. Andrea era rica y el dinero al parecer le sobraba; Claudia Yekatherina por el contrario era aun aquella muchachita poeta de clase media que estudiaba administración en la U.N.S.A. y soñaba con un mundo pacifico y pleno de igualdad y amor.
Grado 45:
A él le perecieron divinos los ideales que movían a Claudia Yekatherina y comenzó a sentir el cosquilleó del amor en el pecho. Las demás chicas se le antojaron vanas y frívolas, en tanto que Yekatherina se elevaba por encima de ellas con su sensibilidad de artista y aquella dulzura que él ya empezó a adivinar para si. Después de una ya lejana tarde en que se reunieron  escuchar música, no habían dejado de verse con frecuencia y adquirieron la costumbre de recorrer cuanto espectáculo cultural haya en la ciudad; tiempo después, cuando entre ellos no quedara ni la amistad, él continuaría visitando cine-clubs y galerías de arte, para ellos a Yekatherina Andrea, y comenzar nuevamente con se lento e inexorable circulo de acontecimientos repetidos.


Grado 60.
Se besaron por primera vez en la piscina de su casa. Ella lo había empujado premeditadamente al agua pues estaba estudiando las reacciones que tenían los chicos al caer vestidos en una piscina. Esto le había costado ya a Yekatherina el enojo de dos amigos y muchas recriminaciones de sus padres, pero, empeñosa como siempre, había intentado con él la prueba numero cinco, sin que siquiera imaginarse que él la arrastraría en su caída y que luego la besaría apasionadamente en el agua. Tampoco había calculado que no se iba a enojar y que por el contrario tendría un violento deseo de verlo a él desnudo y sentirlo desnudándola. Luego cerró los ojos y se olvido de todo. Dejo que él la abrace y que le suelte la blusa y el sostén, mientras el agua se le metía por todos los poros de la piel.
Salieron de la piscina semidesnudos y excitadísimos. Él, aunque su sexo le pedía a gritos un encuentro, le dijo que la quería y que le perdone por haber llegado tan lejos. Ella acepto sus disculpas y ofreció traerles una toalla. Él mientras la esperaba y se regocijaba pensando en sus senos duros y mojados, comenzó  sentirse maravillosamente unido a Yekatherina.
Grado 93.
Desde entonces ambos comenzaron a cambiar. A él le dieron las ganas de escribir poemas de amor y a ella le gusto decir “sí” a todo lo que él proponía. Claudia Yekatherina además, lo empezó a ganar para su causa ideológica: le prestaba sus cassettes de música comprometida y le hacia discutir de la justicia e injusticia, para finalmente terminar abrazándolo y haciéndolo jurar que lucharía hasta implantar en el mundo la libertad y la igualdad. Aquellos momentos eran para ambos, dichosos ya que él ponía como condición a su juramento el que Yekatherina se deje de besar “apasionadamente”, y claro, como ella no se negaba, eran intensos instantes de placer que disfrutaban entrecerrando los ojos y dejando a sus bocas y lenguas contorsionarse y saborearse mutuamente, en tanto que con sus brazos no dejaban de acariciarse o estrecharse efusivamente.
“pero júrame que no estas jugando conmigo, ni usándome de conejillos de indias” solía amenazar a Yekatherina Andrea cada vez que ella se mostraba suspicaz o con tendencias experimentales, para escucharlas responder un “¡palabra de mujer!” que aunque normalmente no era cierto, la ponía preciosas. Era en esos momentos en que él, algo arrobado hacía lo imposible por besarla o intentar tomar aquellos senos grandes y duros, que no habían dejado de perturbarlo desde aquel primer beso en la piscina. “eres una sapa Yekatherina – se decía. Ya te lograrás descuidar y veras como esas tetas serán mías”.
Grado 150:
Pero lo que sucedió le dejo aun mas asombrado, pues no solo logro acariciar aquellos pechos impresionante (¡Que tales tetazas las de tu hembrita! –le había dicho unos de sus amigos), sino que todo el cuerpo Yekatherina Andrea fue suyo luego de una noche discoteca y copas, que los llevaron a ambos a un hostal escondido del centro de la ciudad, “una experiencia maravillosa” como diría él después, aunque en realidad no recordase caso nada de lo que había hecho (tan borracho estaba), y su conocimiento del asunto se limitase a los detalles que Yekatherina le comentaba o rememoraba.
Claudia Yekatherina estaba feliz. Había logrado que le incluyan un poema suyo en una plaqueta de tiraje reducido que publicaban varios poetas noveles. Y le había insistido a él toda la semana para que vaya a la presentación y lleve a sus amigos. Él, regocijado también hizo toda la propaganda que pudo ente sus conocidos la noche de la presentación si embargo, una violenta fiebre le impidió ir. Yekatherina entonces se peleo con él y pasaron varios días sin verse; pero el día de la reconciliación se excedieron en efusividad, y Yekatherina habría de recodar y plasmar después en poemas) las manos exploratorias de él que la recorrieron de los senos a al vulva llenándola de electrizantes sensaciones de placer, mientras se besaban vehemente.
Grado203:
¿Qué es lo que me gusta de ti, Yeki? Se cuestionaba varias veces, pues había tomado la costumbre de pensar solo en ella, y cada vez que se ponía melancólico releía los poemas que le dedicaba. Una se llamaba “Mascaras” y a él particularmente le dejaba confundido, pues hablaba de la mascara de la amor, y temía que se tratase de su relación. ¿Me quieres Yeki? Volvía a cuestionarse, y buscaba responderse por todos los lados que era así. ¿Por qué no quieres que te busque en la U.N.S.A.? ¿Me engañas?
“Claro que te quiero, tonto”, le respondía Yekatherina Andrea, con su forma tan natural de decir la cosa, que aunque literalmente le comunicaba sus sentimientos, tenia la sensación de que le había sido una mera indicación a seguir para otro de sus experimentos. “bueno, definitivamente es una loca”, se decía él, “pero me gusta”, y se quedaba escuchando los alucinados proyectos de ella, que esa vez consistían en trazar un mapa del rio haciendo uso solamente de una brújula, un papel y una wincha de 3 metros.
Grado 270:
Pero loca o no, le quería a su manera, y comenzó a sentir celos de la Yekatherina poeta, pues sentía que ella había calado mas en el alma de él que todas sus travesuras e investigaciones; así que pospuso sus mil proyectos, y calladamente comenzó a seguir la pista de la otra Yekatherina. “¿tu la querías? Empezó a interrogarlo para sacar información, pero al cabo de una par de sesiones quedo tan destrozada, que decidió que no valía la pena continuar con aquella relación y anduvo buscando el pretexto para romper.
“¡Eres un imbécil!” le grito Claudia Yekatherina luego que él se peleara con su amigo, el poeta Henry “¡nunca mas vuelvas a verme!”. Él se quedo confundido, sin saber que reacción tomar, hasta que Yekatherina y Henry se largaron de la U.N.S.A., y el  se quedo maldiciéndolos en silencio y enfureciéndose para qué las lagrimas no tuvieran oportunidad de brotar.
Grado 295:
Los amigos a veces se equivocan, y los círculos que están destinados a girar eternamente, no detienen su curso, por más esfuerzos que se pongan para evitarlo. Las dos Yekatherina habían pasado por su vida y se habían marchado, dejándolo en una soledad que lo volvía autocompasivo y retraído, y que lo conducía muchas veces a los burdeles, en los que desnudo y a punto de eyacular, repetía “Yeki” como delirando, y sin saber muy bien a cual de ellas se refería.
Grado 344:
-  Claudia Yekatherina, ¿no es cierto?
- Sí –respondía la poetisa mientras se acomodaba el chaleco.
- Yo soy Andrea –se presentaba la descocida que lucia fina ropa y exhalaba un perfume delicioso- he leído algunos de tus poemas y me parecen geniales ¿A quienes se los dedicas?
Claudia Yekatherina se sonrió, y se dijo  que aquella Andrea le estaba cayendo muy bien, así que le comenzó a contar de Henry y de su sensibilidad. Por su parte Yekatherina Andrea escuchaba y analizaba: “¿así que esta es la que lo tuvo loco? ¡Que malos gustos! Sin embargo se mostraba cordial, y hasta halagaba los poemas. A demás el tal Henry comenzó a parecerle un tipo excelente para sus experimentos.
Grado360:
“La noche en que Claudia Yekatherina beso a Henry por primera vez, se termino el primer giro del circulo” le explicaba Yekatherina Andrea “y el nuestro se descompuso cuando viajaste a Lima y a mi me entraron celos de la petisa” continuo en tono didáctico ella, ves, eres un caso excepcional. El hombre de los amores circulares, debería escribir una teoría a cerca de ti”. Él se limitó a sentirle y a morderle suavemente el pezón. Ella se dejo acariciar y hasta lo abrazo. Desnudos como estaban, juguetearon largo rato más sobre la cama. Y mientras volvían a excitarse. Yekatherina le hablaba de si teoría del amor cíclico y de los círculos, y de lo hermoso que seria no haber terminado su relación, pues trescientos sesenta grados  o cero grados ¿no eran acaso lo mismo: el principio y el final del círculo a la vez?
Publicado en la Revista "Solitarios" Nº 8 en 1995 en Arequipa PERU

LA NOCHE Y TU SONRISA DE METAL

Por: JAIME COAGUILA
“Sube al taxi nena lo hombres te miran te quieren tomar” Spinetta

¿
Sabes cómo te imagino? te imagino saliendo de ese hotelucho miserable donde vives saliendo, si,  con unos talones ajustado, con una blusita gitana insinuando el sabor de tu piel felina, con el cabello ondulado como esta de moda y como le gusta a los clientes, y con unos labios, rojo sangre, que te fabrican ese aspecto eterno de viajera de la noche. El frio no te atemoriza y las calles llenas de automóviles te atraen como una adolescente, entonces pasmada caminas por esas calles bañadas por la luz fulgurante del neón, esas calles bañadas por mendigos que duermen arrinconados a las puertas, esas calles muertas que esconden las voces los ambulantes el ruido histérico de los claxons. Y es que tu sonrisa, tu maldita sonrisa ha descubierto el secreto de esta y todas las noches que se rompen como espejos ante tu espigada figura ¿Y sabes por qué? Porque tu sonrisa tiene la llave, la llave de oro que protege a todos y cada uno de los seres de la noche. Esa llave emerge de tu vientre, se posa en tus labios rojos y que tiene el poder mágico de revelarte la verdad de este mundo fragmentado y caótico; porque para ti, mujer aurea, no existen los secretos y el lenguaje es uno mas de nuestros inútiles artificios, igual al resto de escombros que ocupan nuestras mentes, todo claro, excepto esos billetes que de pronto ya no nos pertenecen, pero que sirven para comprarlo todo en esta vida, incluso tu sonrisa. Tu sonrisa, tu irónica sonrisa, ese objeto que estalla como vidrios en el estomago de los basurales y que atraviesa la ciudad, los dormitorios desordenados, las grandes avenidas, los sórdidos bares, las sucias torrenteras, buscando esa clase de hombres que no pueden huir de tu risa escandalosa, aunque hagan  el amor con sus mujeres o tomen pastillas contra el insomnio. Y es que tu risa ha despertado esa enorme lengua que es su cuerpo y que sueña con acariciarte en cualquiera de tus eventuales habitáculos. Tu sabes que ese deseo es irresistible ¿Quién mejor que tú para saberlo? Saber que pronto llegaran los automóviles y que el resto llegaran como gatos hurgando en los basurales, mendigando una rebaja, una rebaja que no aceptaras; porque las felinas como tú, dices “tienen su nivel”. Ahora debes alistarte “preparar las mercancía” seguro piensas. Felizmente antes de eso tu sonrisa habrá vuelto de su recorrido citadino justo a tiempo y entonces se colgara nuevamente en tus labios revitalizándote, brillando otra vez para acompañar tus palabras de miel moldeadas por la costumbre. Aunque no serás la única, ya tu mirada ha descubierto otro par de un viajeras de la noche en la otra cuadra, un par de viajeras de minifalda y medias nylon, pero seguramente con los rostros apagados y los cuerpos flácidos. No como tú y tu inagotable sonrisa de metal dorado, ni tus tacos delicados, ni tus pies pequeños que conservan aun las huellas de las sandalias que usabas en ese pueblito ribereño donde naciste. Ni siquiera como tus piernas de trigo recién maduro y que tiene algo de esas piedras redondas que cubren las orillas de los ríos. Ni como tu vientre escandaloso que trae a la memoria tus raíces, a la selva inquieta y enloquecida que despierta en cada una de las furiosas embestidas de tus amantes. Y que decir de tu aguzada cintura, de tus senos de arcilla que toman las formas más exóticas, los aromas más misteriosos. Entonces que importa tu rostro atacado prematura y despiadadamente por el acné, si tú sabes muy bien disimularlo con los tonos fuertes de maquillaje. Y es que tu rostro es el digno complemento para que tu terrible sonrisa de metal adquiera esa magia sobrehumana que solo posee un ser de la noche y que hace que tus palabras también se conviertan en metal y que la noche se convierta en una inmensa bóveda de fuego, donde tus palabras hechas de tiempo “así no se hace” “fíjate bien amorcito” “así, queridito, así, así” sean inmensos símbolos o ruidosas melodías que se cierra, si se cierran alrededor de tu maldita sonrisa forjada en oro y en marfil.
¿Sabes? Esta noche te imagino con surte, tu risa-anzuelo ha cogido varios pichones y entre ellos prefiero hablar de un automóvil rojo que ahora atraviesa la calle, que te persigue parsimoniosamente a cada paso. Es un automóvil que lleva a un grupo de muchachos que vociferan tu nombre Rosita y te piden que los acompañes a una fiesta, que te van a llevar a como regalo de cumpleaños “ya pues no es muy lejos” dice uno de ellos, “de aquí a una tres o cuatro cuadras” agrega otro. Tú dudas al principio “esos patas te dan mala espina” luego observas la calle, “mira te vamos a pagar bien” te repiten, tu piensas que es una buena oportunidad para ganarte un poco de plata fácilmente. Aceptas y te metes al auto ¿Por qué aceptaste Rosita? El auto se pone en marcha, los muchachos conducen rápido mientras una botella de pisco circula de mano en mano cada vez con menos líquido, los muchachos ríen. El auto sobreasa la cuarta cuadra y luego la quinta, tú les dices que quieres bajarte, nadie te responde, el que conduce se acaba el pisco de un trago y luego arroja la botella por la ventana. Tú vuelves a repetir nerviosa; pero nadie responde, “bájenme carajo” dices: pero ya es demasiado tarde, el auto ha salido de tu territorio “bájenme carajo” repites e intentas en vano abrir la portezuela, sin embargo una mano gigantescas y brutal te quiebra el brazo y otra mas pequeña te aprieta la boca “no te preocupes” dice el que conduce “solo vamos a dar una vuelta”. Tu estas indefensa, tu sonrisa, tu arma, ha desaparecido para la noche, Rosita ya de nada sirven los forcejeos de cartón ni tus palabras de hojalata. El auto se aleja de la ciudad, estas en territorio prohibido, el auto se detiene en un descampado, el del volante ordena que te saquen afuera, el miedo te devora los huesos. Pero ¿sabes? eso ya no importa porque uno de los muchachos te ha reventado la cara de un golpe u el otro te destroza el brazo de un tirón, aunque tú no entiendas de nada. Entonces los muchachos te empujan fuera del auto y los golpes llegan de toda y ninguna partes. No hay rostros. La noche es una inmensa ruleta donde hay confusión y dolor hasta que caes de espalda sobre el suelo mientras que de tu boca sale a borbotones un espantoso coagulo de sangre que te ahoga. Y es que ese coagulo repugnante es lo que queda de la alegría de tus noches de viajera solitaria; porque los vidrios están rotos para siempre y la bóveda de la noche se habrá derrumbado. Y ¡sabes? Rosita, esas voces nada les importa “apúrense y marquen a la puta” grita alguien. Hay un momento de silencio, de pronto alguien se decide, se re acerca con la respiración apurada. Luego solo el resplandor de la navaja y ese dolor profundo ardiendo como una quemadura. Pareciera que el cielo se cayera a pedazos y unos de esos pedazos rosita se te hubiera clavado en el cuerpo. Tu te desmayas, ahora eres únicamente una muñeca de trapo “llévenla fuera de la carretera”, una muñeca rota que alguien arrastra por unos matorrales espinosos y llenos de piedras “vámonos la China nos espera”, entonces comprendes. El nombre de la China queda flotando en tu mente, recuerdas velozmente la pelea en el hostal, tu certero corte en su mandíbula, la maldita cubriéndose el rostro y tu riéndote como siempre “casi igual que ahora piensas” porque tu risa no ha muerto y te sobrevive mas allá de cualquier muerte. Pero no, detente, la luz de una linterna te ilumina el rostro ensangrentado, y uno de ellos advierte, que tú, si, tú, Rosita Linares, tienes dos preciosos dientes de oro y sin pedirte permiso, con una crueldad inhumana ayudado de una navaja, te arranca tu sonrisa de metal, te arranca la vida “y las treinta noches que tuvisteis que trabajar” dices tú “para lograr esos dos miserables dientes”. El muchacho corre hacia el auto y apretada en una de sus manos lleva tu sonrisa empequeñecida “por favor” repites, pero ya es tarde, esa sonrisa que es tu vida Rosita y que tú creías que era tu verdadero corazón paulatinamente desaparece en un automóvil rojo que se pierde en la unánime noche, esto significa que de ahora en adelante Rosita has dejado de pertenecer al servicio activo y has pasado a formar parte de una esas historias que tanto odiabas y que mendigos como yo repiten todas las noches.

Publicado en Revista "Solitarios" Nº 8 de 1995 de Arequipa (PERU)

viernes, 29 de abril de 2011

Cortina de humo


Javier de Taboada
 
 
“Es una torpe cortina de humo” dijo, una semana antes de las elecciones, el presidente García para referirse a las declaraciones de Ollanta Humala sobre Chile, ya que, según nuestro mandatario, el ex-militar sólo buscaba desviar la atención de sus relaciones con Venezuela. Es bastante curioso que un presidente use esta expresión para descalificar a su opositor, porque generalmente es desde los flancos de la oposición (política o mediática) desde donde se denuncian las ‘cortinas de humo’ del gobierno. Al mismo tiempo, las declaraciones del líder aprista son un buen signo de la ubicuidad que dicha expresión ha adquirido en el lenguaje político peruano.

La cortina de humo es originalmente una técnica militar, que consiste, justamente, en esparcir humo para ocultar el movimiento y la ubicación precisa de las tropas. Como técnica militar su éxito ha sido más bien relativo; en cambio como expresión metafórica y técnica interpretativa, su éxito es absoluto. Esta es la lógica en el juego de la interpretación: el que ‘denuncia’ la existencia de una cortina de humo, se posiciona a sí mismo como el sagaz, el vidente, el capaz de traspasar el humo de las apariencias y descubrir las verdaderas intenciones del gobierno de turno. No es tanto la denuncia del engaño, como la autoexclusión del grupo de los engañados. ¿Quién no quisiera ocupar tan privilegiada posición? Por eso nuestros astutos políticos, nuestros aguzados reporteros y hasta el elector común que se siente de pronto analista político, se la pasan hablando de las ‘cortinas de humo’ que suelta el gobierno para ocultar tal o cual asunto. Porque la retórica de la cortina de humo se basa en una premisa: que hay sucesos importantes y sucesos secundarios; que hay temas graves y temas frívolos. Y que la información y la atención debieran enfocarse siempre en los primeros y nunca en los segundos.

Pongamos ejemplos. Cuando en abril del 2005 murió el Papa Juan Pablo II, el gobierno de Toledo decretó en el Perú feriado y duelo nacional. Se dijo entonces que se trataba de una cortina de humo para ocultar la baja popularidad de su gobierno. En junio del 2009 murió Michael Jackson, y se dijo también que la cobertura brindada a este hecho (así como al asesinato de la cantante folclórica Alicia Delgado por su colega Abencia Meza, ocurrido más o menos por la misma época) era una cortina de humo para desviar la atención del escándalo del “Baguazo”, que había ocurrido pocas semanas atrás.
¿Será que Toledo mandó envenenar al Papa y García al ‘Rey del Pop’ para ocultar sus problemas en la política local? No, por cierto, nadie cree eso. Lo que sostienen los sagacísimos postulantes de la ‘cortina de humo’ es que la cobertura se encuentra distorsionada, que la atención se encuentra manipulativamente desviada hacia estos temas secundarios para hacernos olvidar de los importantes. Ahora bien, ¿quién les dio el derecho a estos señores de decidir qué es lo importante y qué lo secundario? ¿por qué los tristes problemas cotidianos del gobierno de Toledo tendrían que ser más relevantes que la desaparición del líder máximo de la iglesia católica? O incluso: ¿por qué los trágicos sucesos de Bagua deben consumir nuestra atención hasta el punto de no dejarnos distraer ni un día o dos por la extinción prematura de una de las figuras centrales de la música contemporánea o por los sangrientos líos de dos íconos de la música popular local?

No niego que en algunas circunstancias, más bien infrecuentes, el gobierno pueda lanzar una bombarda para distraer la atención pública (la discusión sobre la “pena de muerte” durante el gobierno de García puede ser un ejemplo). Pero creo que, en general, lo que hay son noticias, noticias que compiten entre sí por acaparar la primera plana de los periódicos y las pantallas. A veces gana la política local, a veces la farándula, a veces los partidos de la selección. Y quien lo decide no es una inquietante mano negra sino los editores, los periodistas, y en última instancia los lectores o televidentes, que muestran mayor interés sobre determinados temas. Que nadie venga a dictarnos leyes sobre dónde debemos poner nuestra atención. A lo mejor la política y las protestas sociales son una cortina de humo que nos lanzamos a nosotros mismos para olvidar nuestras pequeñas y cotidianas tragedias personales.

lunes, 18 de abril de 2011

Lameculos de la realidad



Javier de Taboada
Hace poco veía un documental español titulado Entre el dictador y yo que pretende escarbar un poco en la consabida “memoria histórica” y explorar las relaciones de los españoles de hoy con la herencia de la larguísima dictadura de Franco. El documental no es bueno: no sabe muy bien lo que quiere, ni dónde encontrarlo, y lo que podría haber sido un tema de lo más interesante recibe un tratamiento completamente anodino. En general no lo recomiendo, pero hay una sola escena, espectacular, que basta para justificar la hora y media de lugares comunes. Se trata de dos viejos de un barrio, una señora y un señor que empiezan a confrontar sus visiones políticas. El viejo es un republicano recalcitrante y la vieja defiende al “caudillo”. La discusión empieza a subir de tono, y los ánimos pronto se caldean. El viejo de pronto le espeta a su vecina: “Lo que pasa es que usted es una lameculos de Franco”. Y la señora responde, impertérrita: “Yo no soy lameculos de Franco. Soy lameculos de la realidad.”

La señora confiaba tanto en los poderes conclusivos de la realidad que no se fijaba al lado de qué sustantivo ponía el modificador. Y es que, lameculos aparte, la apelación a la realidad es uno de los argumentos más socorridos para (tratar de) ganar una discusión. Apelar a “la realidad” es patear el tablero de lo simbólico, es declarar la indiscutibilidad de lo discutido. “Esta es la realidad.” No se diga más, entonces. ¿Qué argumento puede valer ante la contundencia de lo evidente?

En la cultura norteamericana, tan devota del dato preciso y del dinero contante, ya no es siquiera la “realidad” la que lleva la preferencia, sino algo aún más escueto: los hechos. “This is fact”, es el argumento clausurante. Y el mayor ataque a un adversario: “It’s factually wrong.” Es decir que se equivoca, pero no por sus opiniones, sino porque su información es falsa, lo que lo convierte en un mentiroso o en un ignorante. En cierto sentido están peor que nosotros, buscando, como diría Werner Herzog, sólo “la verdad del contador.” En otro sentido, sin embargo, este reemplazo de ‘realidad’ por ‘hechos’ implica una (vaga) conciencia de que la ‘realidad’ es algo construido, algo que no viene dado de por sí y con contundencia silenciadora, sino algo que hay que desentrañar e interpretar. Sin el tejido que los une sólo quedan, flotantes, aislados, los hechos.
Decía que la apelación a la realidad pretende silenciar al adversario y dar por terminada la discusión, pero esto es lo que pretende, otra cosa es que lo consiga. Por lo general el interlocutor no se deja impresionar por tales argumentos y replica, ya sea cuestionando la pretensión de realidad, o los hechos en que se pasa, o simplemente ignorando la apelación y volviendo al punto previo de la discusión. Pero mucho aprenderíamos de modestia y de tolerancia, y hasta de retórica, si entendiéramos, pero de veras, que la realidad es plurívoca y polifacética; si almacenáramos nuestras certezas guardando siempre un pequeño espacio para la duda; si recordásemos que aún los datos más duros pueden, alguna vez, ser falseados, que aún lo que parece tener un sentido obvio y único puede ser visto de otra manera. Si algún defecto hemos de tener, seamos dubitativos, seamos diletantes, seamos irresolutos, pero no seamos, nunca, lameculos de la realidad.

sábado, 2 de abril de 2011

Contra la política platónica

Javier de Taboada

Yo no leo los planes de gobierno. Lo que, según el 90% de la prensa peruana, me convierte en un elector ignorante, desinformado e impulsivo. Ya que el modelo de elector propugnado por los medios de comunicación, las universidades e instituciones de formación política, y hasta el JNE, es el de un elector plenamente racional, reflexivo y sereno, que se informa detalladamente de las propuestas de los diversos candidatos, los sopesa delicadamente, los compara con sus propias ideas políticas y en base a todo esto toma una decisión perfectamente juiciosa. En esa misma lógica, la campaña debiera ser una cívica y alturadísima competencia de propuestas, evitando en todo momento la adjetivación y el ataque del adversario. 

Como es evidente que este modelo político, que llamaré platónico, no se corresponde con la realidad electoral, pronto llegan los cantos elegiacos: que el elector peruano es ignorante y se guía por (estúpidos) impulsos, que los políticos tampoco dan la talla y se embarcan en batallas de callejón, etc. Conocemos la canción. Los politólogos suspiran por una democracia perfectamente racional y meritocrática, como los economistas suspiran por una economía de mercado con consumidores totalmente racionales que siempre toman las decisiones que más les convienen y contribuyen así a perfeccionar las sagradas leyes de la oferta y la demanda. Politólogos y economistas viven en el mundo de los arquetipos descrito por Platón, y se resienten profundamente, a veces con el ciudadano, a veces con la clase política, cuando constatan que la realidad cotidiana poco tiene que ver con sus modelos. “¿Por qué somos un país tan atrasado? ¿Por qué somos una democracia tan imperfecta?”

En realidad, ni en Chile, ni en Brasil, ni en EEUU, ni en Francia, la campaña electoral consiste en el famoso “debate de propuestas”. Las propuestas son una parte del coctel, como lo son el atractivo del candidato, y los ataques al adversario (que no por nada consiguen diez veces más figuración que las propuestas, en una prensa hipócrita que finge escandalizarse con los dimes y diretes al mismo tiempo que se regodea y reditúa con ellos).

Yo no sólo no lamento el contraste entre la política platónica y la real: me siento feliz de no vivir en el mundo de los robots tomadores de decisiones, sino en el de lo humano. No leo los planes de gobierno porque creo que la cosa no pasa por ahí, como tampoco leí nunca las reglas del fútbol ni las necesité para empezar a apreciar los partidos. Sobre todo ahora, cuando todos los candidatos coinciden en las líneas maestras de la conducción de la economía del país. Hay que reducir la pobreza, ¿alguien se opone? Hay que continuar con el crecimiento actual, pero también controlar la inflación. Hay que incentivar la iniciativa privada, pero también ampliar los programas sociales para los más desfavorecidos. ¿Alguien en su sano juicio va a plantear algo diferente? Leer los planes de gobierno –para quien quiera embarcarse en tan árida lectura- significa encontrarse con la repetición y con la multiplicidad de frases con las que se pueden expresar las mismas ideas básicas. Las diferencias radican en sutilezas (¿hay que bajar el igv o no? ¿hay que cobrar impuesto a las sobreganancias mineras o no?) que no alteran lo esencial y que, en última instancia, se reflejan suficientemente en la cobertura electoral y en las intervenciones de los candidatos.

Una campaña electoral –en el Perú como en cualquier democracia- no tiene que ver con propuestas de gobierno que un político ni siquiera se preocupa demasiado en respetar cuando le toca enfrentarse a las complejidades de ser gobierno (para no recaer en la política platónica, me abstengo de la condena a dicho incumplimiento, creo que es, hasta cierto punto, natural: pensemos en el caso de Obama, por ejemplo.) Las propuestas son el pretexto, la materia prima si se quiere, para mostrar otra cosa: posicionamiento político y liderazgo. Posicionamiento en el espectro político: más a la izquierda, más a la derecha, más radical, más moderado. Liderazgo: capacidad de convencer, de hablar bien, de manejar la relación con los medios, de neutralizar. De esto y no de otra cosa trata una campaña electoral. Porque como el fútbol, la política es un juego de pasiones, de errores, de azares, de avances y retrocesos. Y nada de esto figura en ningún manual.